Solar de Valdeosera

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CARTA DE PRIVILEGIO Y CONFIRMACIÓN DE LOS

REYES CATÓLICOS AL LINAJE DE TEJADA (1491).

ASPECTOS DIPLOMÁTICOS


(Publicado en la Revista Hidalguía nº 356 enero-febrero 2013,

Instituto Español de Estudios Nobiliarios, Madrid)


JUAN CARLOS GALENDE DÍAZ

JOSÉ MARÍA DE FRANCISCO OLMOS1


EL PROBLEMA

El Solar de Tejada y también el de Valdeosera, son unas instituciones actualmente vigentes cuyos orígenes son muy antiguos y polémicos2, siendo el primer documento que los reconoce de manera oficial la Real Carta de Enrique IV fechada en Valladolid el 10 de septiembre de 1460, escrita por Garci Méndez de Badajoz, secretario del Rey.

Sin entrar en muchos detalles sobre el contenido del documento, tema complejo que es necesario dilucidar en el contexto político del momento, la presión de los Ramírez de Arellano, señores de Cameros, sobre los habitantes de la zona, y la debilidad del monarca, se hace preciso realizar algún comentario sobre las dificultades específicas en la génesis del documento de Enrique IV3 . Es probable que Garci Méndez de Badajoz, que antes de llegar a la corte fue alcaide del castillo de Clavijo, conociera de primera mano el problema de los pobladores de los solares y sus enfrentamientos con los Ramírez de Arellano, y que les apoyara como contrapeso frente al cada vez mayor poder de la alta nobleza, siendo su intermediario en la corte donde sus dos hermanos, Fernando y Alfonso, eran secretarios del rey. Una vez que el propio Garci Méndez de Badajoz fue nombrado secretario real, sería éste el cauce más adecuado para hacer llegar al monarca sus peticiones y plasmarlas en un documento real que les protegiera de las ambiciones del señor de los Cameros. Ahora bien, este documento tiene algunas incógnitas interesantes, así Juan Torres Fontes afirma que es irregular, incluso que fue creado sin responder a la auténtica voluntad del monarca, e indica que el mismo día en que está datado este documento Enrique IV firmaba otro en Segovia4. Esta disfunción tiene dos posibles soluciones, la realización fraudulenta del documento, o bien que tras aceptar el rey expedir la carta la dejara firmada en blanco para que su secretario la cumplimentara después en la forma y con los formulismos fijados por la cancillería5. Esta segunda interpretación es la que defienden los que aceptan la veracidad del documento; sabemos que Enrique IV estuvo en Valladolid un largo periodo de tiempo6, aunque el 10 de septiembre tenemos noticias ciertas por varias fuentes de que ya se encontraba en Segovia, donde firmaba otro documento refrendado por su secretario Alvar Gómez de Ciudad Real7, mientras que en Valladolid quedaría Garci Méndez de Badajoz redactando el documento en cuestión a favor de Valdeosera y Tejada, algo cuando menos irregular que conlleva un claro defecto de forma8.

Hemos de decir que este documento ha desaparecido9 y solo nos ha llegado su texto mediante una Carta de privilegio y confirmación despachada por los Reyes Católicos en el Real de la Vega de Granada el 8 de julio de 1491. Sabemos que muchas de las mercedes concedidas por Enrique IV fueron revocadas y por ello era necesario que los nuevos monarcas las ratificaran o bien volvieran a concederlas, en este caso la confirmación fue hecha más de 16 años desde el advenimiento al trono castellano de los nuevos monarcas. Aunque desconocemos los motivos de esta dilación, en cualquier caso el documento de Enrique IV pasó todos los filtros de la Cancillería Real que debía avalar la autenticidad del documento presentado, según se expresa en el texto de 1491; aunque también pudo ocurrir que por intereses políticos concretos los Reyes Católicos decidieran respaldar de manera formal las demandas de los peticionarios en ese momento específico, y quisieran basar su decisión en este precedente10; lo que otorgó a los pobladores de los solares por fin una plena seguridad, ya que desde entonces no volvieron a tener problemas con los señores de la zona. En cualquier caso esta Carta de privilegio y confirmación, que es el primer documento original conservado en el que se recogen los privilegios de estos Solares, y que desde entonces fue corroborada por todos los monarcas, es la que ahora vamos a analizar en sus aspectos formales.


INTRODUCCIÓN

Las castas de privilegio y confirmación, cuya denominación se retrotrae al reinado de Enrique IV tenían como finalidad confirmar otros privilegios anteriores, en los que se concedían mercedes dispensadas por los monarcas en el pasado. Es por ello que en ellas se incluían los documentos preliminares que se querían ratificar. A grandes rasgos, el proceso de expedición, a cuyo cargo estaban los regentes o titulares de la escribanía, comenzaba con la presentación por el interesado de la carta de privilegio original previa en la escribanía, en donde los concertadores comprobaban que dicho documento podía ser expedido cotejando su asiento en los libros de registro; luego los oficiales de la escribanía copiaban el nuevo documento en el registro y asentaban el acta de que el antiguo quedaba rasgado, a la vez que lo transliteraban, por lo general, mediante copia íntegra en los libros de privilegios de los contadores mayores, que lo signaban y le añadían una certificación expresando su asiento; por último pasaba tanto al Registro General del Sello, en donde nuevamente era copiado, añadiéndole al original la cláusula ordinaria de certificación, como al canciller mayor del Sello correspondiente, que también incluía testimonio y firma.

Su escrituración, al igual que las cartas de privilegio, se redactaba con caracteres bastante caligráficos (en letra gótica minúscula –redonda- o minúscula de privilegios), validándose con el sello de plomo pendiente, pues se extendían en pergamino. El encargado de redactarlas era el escribano mayor de privilegios, unas veces en pliego suelto y otras, por su amplitud, en forma de cuadernos, los cuales solían tener rayados sus márgenes para evitar interpolaciones y adulteraciones, sobre todo el superior; asimismo, como muestra de solemnidad e ilustración, suelen presentar el primer renglón con letras de un módulo superior que destacan del resto y la inicial con tinta de distinto color:

Felipe II, en 1562, introduciría algunas novedades en lo relativo a su expedición (… Mandamos a los nuestros concertadores y escrivanos mayores de los nuestros privilegios y confirmaciones y a los otros officiales, que están a la Tabla de los nuestros sellos, que agora e de aquí adelante, en los privilegios que libraren, que nos oviéremos de confirmar, provean que solamente se escriva de nuevo el pliego o pliegos de pergamino que fueren menester para la cabeza y pie de la tal confirmación, en los qual se cosa y junte el privilegio o privilegios viejos que se confirmaren, según y como antes estavan, sin los escrevir ni tresladar de nuevo, hordenando de manera que el dicho pliego o pliegos de pergamino, de la dicha cabeça y pie de confirmación vengan justos y bien a plana y renglón, en quanto ser pueda, con la otra escritura de privilegio o privilegios viejos que se confirmaren; y que al tiempo que la tal confirmación se hiziere, de la forma susodicha, quien, los dichos concertadores y escrivanos mayores del privilegio, el sello que tuviere para que el pliego o pliegos de la dicha confirmación se pongan en el privilegio viejo como conviniere y porque se han de sellar de nuevo, como de yuso yrá declarado; y que, assí como agora rubrican, señalen al pie del pliego o pliegos de la tal confirmación y el privilegio viejo, porque en ello no pueda haver fraude…)


1Profesores Titulares del Departamento de Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad Complutense de Madrid

2Para ver más datos pueden consultarse las obras de José Luis SAMPEDRO ESCOLAR, El linaje de Tejada. Un señorío superviviente en el siglo XXI, Madrid, 2010, y “Enrique IV de Castilla y el Linaje de Tejada”, Hidalguía nº 340/341 (2010), pp. 525-542; y Pedro Luis BELTRÁN ONOFRE, Devisas y Deviseros del Solar y Villa de Valdeosera, Madrid, 2012.

3Seguimos aquí en gran parte las opiniones de BELTRÁN, op. cit., pp. 126-129.

4Juan TORRES FONTES, Itinerario de Enrique IV, Madrid, 1953, nota 3, pp. 6-7. Este autor lo incluye dentro de los más de 150 documentos sospechosos de este monarca, advirtiendo en nota que o bien fueron firmados por sus consejeros reales (por lo que suele suceder que estén datados con igual fecha en lugares distintos a donde se hallaba en realidad el monarca en esos momentos), o bien por haber sido refrendados en blanco, a los que se añadía la fecha en cualquier momento posterior, por lo que puede apreciarse la desigualdad de tintas y letras entre unas partes y otras.

5Conocemos numerosas referencias a estos hechos. Así las Cortes de Valladolid de 1293 se quejan de la existencia de cartas blancas, y el Ordenamiento de Palencia de 1311 reclama “que no se dé carta blanca con sello real. Y si esto ocurriera, que el canciller la rompa a la vista de todos”, lo cual se reitera en las Cortes de Valladolid (1312) y Burgos (1313). Las Cortes de Valladolid (1325) insisten en “que no circule por los reinos ninguna carta blanca que no haya salido de la chancillería del rey”; y las Cortes de Madrid (1329) repiten que no salga de la cancillería real carta blanca que no sea escrita, leída y librada por ella. Todas estas recriminaciones indican la existencia de estas cartas blancas, y al final del reinado de Enrique IV se sabe que Juan Pacheco, marqués de Villena y maestre de Santiago, pedía (Ocaña, 18 de noviembre de 1469) a su primo Juan de Porres, depositario de un privilegio de entrega de maravedíes de juro firmado por el monarca a favor de Álvaro de Estúñiga, conde de Plasencia, que completase el hueco en blanco de la carta real poniendo en él la cantidad de un millón (cuento) de maravedíes (documento 624 de las Memorias de Don Enrique IV de Castilla, tomo II, que contiene la Colección Diplomática del mismo rey, RAH, Madrid, 1835-1913, p.613). Más información en BELTRÁN, op.cit. p. 128.

6TORRES FONTES, op.cit., nos informa de que el rey estuvo en Madrid desde mediados de septiembre de 1459 hasta finales de febrero de 1460 (con una breve estancia en Segovia a finales de octubre), luego pasó marzo en Guadalajara, regresando a Madrid a últimos de ese mes; más tarde, tras residir en Segovia y Arévalo durante abril, llegó a Valladolid terminado ese mes (29 de abril). Desde este momento el rey permanece en esta ciudad de forma casi permanente (salvo una corta estadía en Medina del Campo a comienzos de junio) hasta principios de septiembre de 1460, donde firma un documento el día 3 (autorizando a Lorca apra sacar cristianos del cautiverio y ordenando que no se entrometiera en ello el adelantado).

7TORRES FONTES, op.cit. p. 112; documento de Enrique IV nombrando a Fernando de Rojas como su asistente en Guadalajara y ordenando a Pedro de Solís la entrega del alcázar (Segovia, 10 de septiembre …………………….)

8Sería en estos momentos cuando el secretario real pusiera por escrito el mítico relato que confirma y trascribe parte de otro supuesto privilegio relacionado con la legendaria batalla de Clavijo, manifiestamente apócrifo y amañado por el clérigo Pedro Marcio siglos atrás en le scriptorium compostelano, y luego recogido en la mayoría de las crónicas cortesanas de la época. BELTRÁN, op.cit. p. 129.

9Algunos opinan que tras conseguir la confirmación por parte de los Reyes Católicos y conscientes de las irregularidades del documento de 1460, su conservación podría haber sido más perjudicial que beneficiosa en caso de ser requerido como prueba en algún pleito, y por eso terminó desapareciendo.

10Recordemos que frente a las violencias de Alonso Ramírez de Arellano y Enríquez, Conde de Aguilar y Señor de los Cameros, Ricohombre de Castilla, un importante personaje, que había sido Guarda Mayor de Enrique IV y Capitán General de las fronteras de Navarra (1466) y Aragón (1472), que apoyó a Doña Isabel desde el inicio de la guerra civil, estuvo en la batalla de Toro y en el sitio del castillo de Burgos, por lo que fue recompensado con el título de Conde de Aguilar de Inestrillas (Burgos, 1475, poco antes del 19 de septiembre), casado con Catalina de Mendoza, hijo de Diego Hurtado de Mendoza, Duque del Infantado, los diviseros de Valdeosera consiguieron una Real Carta fechada en Valladolid el 7 de junio de 1481, firmada por Alonso Enríquez de Quiñones, Almirante de Castilla (primo hermano del Conde de Aguilar) en virtud de los poderes que tenía de la Reina, siendo escrita por Juan Díaz de Lobera, secretario de los Reyes, con acuerdo de los del Consejo de Su Alteza, que ordenaba al Conde que no intentase apropiarse de la jurisdicción de esta villa. Otros datos sobre este interesante documento en BELTRÁN, op.cit. pp. 121-125.